jueves, 16 de marzo de 2017

Sobre "Silencio" de Scorsese





Me encuentro en esta película el silencio, el gesto mudo y la negación del sentido enfrentados a la proliferación del exceso de significante y significado religioso. Dejar hablar en el silencio, escuchar en la negación; eso y no otra cosa tal vez sea el secreto de la religación. En la imposible traducción del mensaje cristiano (o lo que es lo mismo, de la visión de mundo o mundo de sentido de Occidente) al mundo nipón acaece el sincretismo. La cosmovisión japonesa sólo puede aprehender las categorías religiosas y ontológicas de Occidente desde su vivencia histórica y epocal, condición ésta que niega la universalidad del mensaje cristiano. El Cristo nipón no es el Cristo evangelizado de la tradición judeo-cristiana es, tal vez, el Sol, que perece todas las noches y nace todos los días. Un elemento telúrico de la tradición Zen y los mitos japoneses. Esos jóvenes jesuitas pretendiendo ser Cristo, vivir la vida y sufrimiento de Cristo, para dejar una impronta en Japón tan indeleble que termine por cristianizarse por completo, no hacen más que remedar un origen imposible de repetir y, mucho menos, traducir a un mundo de sentido, tan ajeno al cristianismo, como el de la espiritualidad japonesa. Están con ello saturando el sentido de lo religioso en un una narración mil veces contada e interpretada en todo el occidente cristiano, es por ello que este nuevo territorio exige de una nueva narración del sacrificio… la del silencio. En la negación de la estructura óntica del cristianismo, de los ropajes, de los salmos, de la liturgia, del libro se encuentra, junto con el Zen, el fundamento ontológico de la religación: atender al plus, el prius de realidad, la profundidad de plano más allá de lo meramente presente de aquello que, al no poder presentarse, no puede ser conceptuado en la palabra. En el silencio se retrae el exceso de mito, de sentido, de palabra, de ente… de manera que sólo en el gesto mudo y la negación (incluso del uno mismo) puede mostrarse el ser (religioso).

viernes, 3 de febrero de 2017

Filosofía-pop 5.




29. La mejor manera de destruir la subjetividad es, paradójicamente, establecer un culto a la personalidad. Se colapsa sobre sí misma en lo grotesco. Ya estoy harto de la falsa modestia que, antes de descargar la imposición subjetiva, la permite tímidamente. Afirmar con orgullo lo que uno ha hecho es afirmarse en la voluntad de poder. Basta ya de esos santos Agustines ensimismados en su interioridad, rebuscando pecados de exceso (hýbris) en el comportamiento: "¿Esto lo hago por la gloria a Dios o por la gloria a mí mismo?". A tomar por saco ya, hombre. Afirmarse en poder es afirmar el poder, que es algo que te trasciende. ¡El poder no es de nadie! El poder somos, se es.

30. Silencio, de Martin Scorsese: en la negación se encuentra la fe.

31. De un pasaje de La Gaya Ciencia, que critica el reduccionismo que supone entender lo real desde el mero cálculo a la par que la falacia del "mundo verdadero", me encuentro esta respuesta, escrita por alguien que evidente no conoce ni al autor ni a su obra, y entiende la crítica al reduccionismo como una enmienda a la totalidad de la ciencia como saber. Lo más curioso es observar cómo se enarbola la bandera de la amplitud de mente y la libertad mientras se vitupera cualquier juicio crítico sobre el cientificismo. Por no hablar de la lógica oposicional entre científico/creyente que el señor indignado establece para fortalecer su posición. Se puede resumir así: o estás con nosotros o eres un imbécil. Bien, pues así todos los días. Para que veáis lo importante que es conocer la Historia de la Filosofía. Si supiera que los primeros modernos que establecieron la mathesis universalis en la investigación sobre la naturaleza pensaban que las matemáticas eran el modo en el que Dios piensa tal vez... tal vez nada, porque no es importante. A la mierda. Leed a Richard Dawkins y basura semejante, así os irá mejor. Es todo siempre más fácil.
"Observo que el autor se auto sale del conjunto de los humanos para situarse en un plano diferente pero no superior porque no describe el concepto que defiende. Como todos los demás se limita a insultar, a burlarse de la gente y a despreciarnos. Pues bien yo me siento con mucho orgullo por cierto, en ese inmenso grupo que cree en la ciencia que cree en el desarrollo de la mente humana, sin aditamentos, sin edulcorantes, solo a partir de lo que el ser humano puede desarrollar por sí mismo y con ayuda de los demás. Las religiones las creencias políticas, las admoniciones economicistas y todo lo que se ha ido produciendo para tenerle detenido en el tiempo, criminalizando las propuestas que a esos caciques les sonaban a amenazas; todo lo que han retenido el desarrollo de la clase humana solo para mantener sus privilegios, la cantidad de riqueza invertida en militares, policías, siervos, secuaces, criminales a sus órdenes, mafias y demás escoria social es lo que ha impedido e impide que los humanos podamos progresar. Podríamos estar en un mundo increíble si no hubieran existidos tal cantidad de fuerzas de exterminación humana. Y por supuesto millones de personas solo podemos creer que es el progreso humano el único que nos puede mantener sobre este planeta. Creo en la ciencia y en los hombres que crean que inventan que llegan a deducciones inteligentes. Todos los demás, reaccionarios, religiosos, cavernarios y matones son los que sobran."

32. El otro día mientras me tomaba un gin tonic en el Europa escuchaba esta conversación:
"'...a mí no me gustaría que a Albert Rivera lo secuestraran en medio de la calle con una furgoneta y le pegaran un tiro después en la nuca'. El Estado de derecho debe mantenerse gracias a una calma política que garantice la pluralidad de opiniones y la integridad de una oposición política. Yo no quiero que me maten por disentir.' 'Muy bien', responde el compañero de mesa, '¿pero qué pasa cuando uno o muchos, o hasta el propio gobierno se han convertido en enemigos públicos y, desde el Estado de derecho y el sistema democrático, conspiran contra los mismos hasta tal punto de que, dicho gobierno y sus afines, se han transformado en una enfermedad auto-inmune que ataca al bienestar de su propio país?'. La respuesta del primero no se hace esperar: 'Pero entonces, quién es el que tiene el derecho de hacer esa ejecución y bajo qué presupuestos se ha otorgado para sí la voluntad de un país que se siente amenazado por su propio gobierno, si es que de verdad se siente amenazado? ¿Y si quien realiza esa acción es un grupo armado radical islámico que también es anti-democrático y quiere imponer un régimen tiránico de otra índole?' El otro le responde: 'el Estado de derecho y la democracia no son logros civilizatorios realizados en el marco de un sistema de Derecho y una democracia, si no estaríamos ante una tautología vacua. Una de las fuentes del Derecho que funda sistemas y naciones, entre ellas las modernas democracias liberales, es la violencia. La violencia instaura legitimidad y legalidad, desgraciadamente... el trasvase pacífico y democrático de poder es sólo posible en el marco de una constitución y un sistema de Derecho; cuando las instituciones que expresan esos constructos abstractos se vuelven contra su propia fundamentación y marco de referencia, debe ser legítimo que la violencia constituyente y original que dio lugar al Estado de derecho se desate de nuevo, con su correspondiente riesgo, eso no te lo niego'. Sigue el otro: ‘¿pero hasta qué punto un grupo armado puede atribuirse, como he preguntado antes, la opinión general que consiste en sostener que Albert Rivera es un enemigo público junto con todo el gobierno y, en segundo lugar, que en consecuencia deba actuarse ejecutándolos. Qué pasa con todos esos votantes de derechas, también deberían ir a pelotones de ejecución, gulags, campos de exterminio o centros de re-educación? Desconfío de una acción tan radical y unilateral, que sin duda activaría una serie de acontecimientos que podrían romper una calma política y provocar un conflicto armado en todo el país… además, no estoy contando con las repercusiones internacionales que tendría eso’ La respuesta no se hizo esperar: ‘estoy de acuerdo contigo en todos esos detalles que no por ello carecen de importancia, son los que marcarían el rumbo de los acontecimientos pero… ten en cuenta que cuando la violencia se desata el entendimiento y la voluntad humanos se diluyen para dejar paso a lo que no se puede controlar en todos sus aspectos, de la misma manera ni el pintor más foto-realista podría jamás considerar el movimiento de todos los pelillos de su pincel. La aleatoriedad, lo indisponible, lo no pensado acaecen de manera inesperada en el ponerse a la obra tanto del arte como de la política’. ‘A mí eso me suena a la Alemania de los treinta’. ‘Será porque proviene de ahí… No, en serio. Creo que un movimiento armado que planeara un golpe tan directo estaría constituido según el imaginario y la codificación actuales del salvador: ¿una nueva izquierda revolucionaria y militarmente activa, tal vez? ¿Un grupo escindido del ISIS? ¿O, incluso, algo que ni nos imaginamos o que en su actuar tampoco los actores de semejante acto imaginan…? Es posible que esa clase de acontecimientos ocurrieran sin un imaginario político bien establecido, como ocurrió con el 15M, simplemente llevado a cabo por gente que ya estuviera harta. Razón de más para suponer que es impredecible. ¿Te imaginas que fuera llevado a cabo por un grupo de músicos de Rag time o una comparsa de carnavales?’. Rieron los dos y se pidieron la penúltima. ‘No sé’, comentó el primero después de que sirvieran de nuevo las copas, ‘desde luego de lo que estoy seguro es que no me gustaría tener a un pequeño Platón como tú en un equipo de gobierno’. ‘Desde luego que no; ¡brindemos por Siracusa!’”.
Y así termina esta historia que le escuché a dos dementes ebrios en un bar de Cádiz situado junto a la playa de la Victoria.

33. Al remitirse a los estoicos y a los epicúreos se ha querido rescatar una especie de afán consolador de la filosofía para los estresados y los oficinistas de hoy en día; es como los tontos que leen el arte de la guerra porque creen que de ahí destilarán una fórmula infalible para la estrategia contra el competidor. El estoico es más que un expendedor de recetas contra el hastío (fastidium); es un ontólogo y un metafísico: sólo de su vasta concepción del tiempo, entendida en una doble articulación, incomprensible para nosotros, el AION y el CRONOS, se desprende una actitud ética y consolatoria; el epicúreo es un materialista, con una compleja concepción de lo real en oposición al mundo platónico, del que se desprende un modo de vida: pero su finalidad no es la terapia, sino la comprensión de lo real y el modo de responder, “retro-vocar”, a eso que acaece en cada momento y su modo de acaecer: EL SER.

34. Quiero que Estados Unidos arrase el mediterráneo e imponga su cultura desnaturalizada sobre todos nosotros: que nos arranque de nuestras tradiciones, de nuestra medición del tiempo y nuestros textos para que nos convierta en negros comedores de melones y pollo frito. Que el anglosajón blanco y protestante sea condescendiente con nosotros, que nos vean como hermanos menores o, peor aún, como mascotas que nunca podrán ser mejores porque están atados a sus sentimientos pueriles y banales; que la espontaneidad y la hospitalidad sean un síntoma de debilidad a los ojos del gran héroe americano-germano. Quiero que Steven Rogers crea en mis capacidades y espere de mí, pese a la opinión de sus hermanos, que sea mejor, más fuerte, más blanco, más protestante, más grande, más súper: altius, fortius, celeriter, pero judío, protestante, ario, blanco, germano, anglosajón. No más textos que la biblia revisada y expurgada del oscurantismo del catolicismo, no más textos que "El progreso del peregrino"; no más música que el pop endulzado y el rock cristiano. Que las noches de sexo sean todas de Youporn mientras duermen tranquilas nuestras mujeres demasiado mediterráneas y amorosas; esas mejor para amenizar los bares de copas y limpiar las meadas de cerveza y coctelería; quiero también que nos obliguen a comer fast food mientras sus élites hacen uso de los especuladores de la dieta mediterránea, estilizada y sublimada para los mejores restaurantes. Quiero ser la visión que la tele de Homer tiene del resto del mundo; peor aún, ser la visión que los latinos, indios, eslavos, italianos tienen de sí en el ámbito del mundo germano-anglosajón: sangre sucias, sangres de lodo, cerdos voladores, países-prostíbulo, trabajadores de la construcción, monitos de feria... la lista es tan larga y lo quiero todo.

35. Mataos como lo hizo Ayax; morid como Cristo; bebed como Mel Gibson. No tenéis cojones.

36. Tontita madrileña que viniste a mi tierra a reírte de los cristos y las vírgenes en las calles del Barrio de la Viña: no son cristos, que es el pan y el vino de la fiesta; que no son vírgenes, que son las deidades que guardan el hogar: se llama sincretismo y el dios tras todo eso el Baco, sin tierra, sin identidad, sin idioma concreto, sin vasquitos, sin catalanitos, sin anglosajonitos, sin castellanitos: el dios que revierte los valores y las identidades, el de la transvaloración. Todos los machitos maricones; todas las maris Guradias Civiles y piratas; todos los alcaldes en la calle, recibiendo la hostia bien dada del pueblo. Ese es el Carnaval que yo recuerdo de niño: Anguita poniendo en su sitio a un socialista de barrio; un obrero católico de toda la vida cantándole una saeta a Carlos Díaz, alcalde socialista del momento; ¿quién es el Kichi?, un hijo del empoderamiento carnavalesco, del lugar en el que la fiesta es liturgia y la calle el espacio de lo sagrado, donde la Semana Santa es el carnaval de los capillitas. No entendéis Andalucía; mucho prejucio y mucha tontería.

37. Al final me da igual cómo se llamen: Aristóteles, Heidegger, Nietzsche o Schmitt. Al final tiro la escalera y a tomar por saco. Lo que me queda no tiene nombres… al final. Y unos me dirán que con ese autor no se puede hacer eso; y otros me dirán que eso no se puede colegir de aquello otro. A unos y a otros tal vez haga caso pero, en última instancia, ahí estará la mano de la Sofía para guiarme. Nada de lo que salga de toda esta síntesis de ideas y mundos es propiedad mía. Vuestras ideas son sólo vuestras en la medida en que las proferís, pero nada más. Nadie "tiene ideas"; a nadie se le puede atribuir la propiedad de pensar esto o lo otro. El pensamiento acontece, sin más, en esas maquinitas de transpropiarse con el ser de las cosas que somos. El pensar es producto de unos procesos onto-históricos de los cuales no somos agentes, sólo actores. No hay un "sujeto histórico" que nos conduzca a nada. Hacemos y des-hacemos, sin regla previa ni lógos encarnándose en el mundo... y el precursante oscuro de todo ello siempre permanecerá oculto. Mi síntesis no será mía; ni si quiera "será"... la habrá, si la hay. No somos dueños de nuestros pensamientos sobre el mundo. Es el mundo el que se dona como una cascada, como una tempestad o un sueño de opio hacia nosotros, en la forma del pensar, haciéndonos señas en el silencio, en la palabra aún no nacida. Y mientras tanto habitamos el claro sin saberlo, dando a conocer que eso que surge del pozo y resplandece es nuestro. ¿Se puede cambiar el curso de la historia? Más aún, ¿hay curso, de-curso, en la Historia? Sólo podemos aspirar a que el monstruo que del pozo surge en el clarear del medio día pueda ser transducido como un ángel o un dios posible "que rehúsa a aniquilarnos". Heidegger, Rilke, Kant sublime o Lyotard. Qué más da, no son más que series que resuenan en otras series de significantes, como el cordaje en un sitar infinito.

jueves, 26 de enero de 2017

Humanismo y Utopía.



Creo que, al fin y al cabo, ese carácter abierto de la esencia de lo humano del que participan autores como Heidegger (Anti-humanismo) o Foucault (Post-humanismo),  está influenciado por el humanismo del  Renacimiento. Sólo hay que leer el Discurso sobre la dignidad del hombre para entender que Pico della Mirandola sitúa el despliegue del ser humano desde la bestia más salvaje hasta el ser más celeste:

"Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna, te la determinarás según el arbitrio(derecho) a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice (creador) de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar (descender) en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas."

Estar en el centro del mundo no tiene por qué suponer ser sólo dueño y señor de la totalidad de lo ente (el Nietzsche de Heidegger) o ser el único sistema de referencia por el cual el mundo se valora (Protágoras). Estar en el centro de la creación es estar en potencia de ser toda la creación, casi nada. Por otra parte, creo que lo que debe conservarse del humanismo, en contra de Heidegger, es precisamente el perfeccionamiento humano en sentido de paideia o humanitas: el mejoramiento del ciudadano en pos a un ideal de lo humano que, sí, es por supuesto metafísico y, además, guarda en sí el peligroso sentido de "progreso" como valor. Pero es que en eso consiste la educación en la escuela primaria y secundaria, si no, dejemos que a nuestros ciudadanos los eduque la propuesta de ser humano de la televisión: hombres “tronistas” y mujeres “mamachicho”. Es más, diré que Ser y Tiempo, a riesgo de caer en una especie de antropologismo del texto, entiende la existencia del ser humano como un proyecto que debe completarse y cuidarse (la cura del ser ahí) tal que una obra de arte. Es cierto que no se trata de una ética formal ni material, ni si quiera es explícitamente una ética, sino más bien una cura, un cuidado de sí en la autenticidad y la propiedad. Que me digan a mí que esto no es humanismo y, además, inspirado en un nuevo sentido de la areté aristotélica.

Ya sabemos que Ser y Tiempo es sólo la publicación de las dos primeras secciones de la primera parte, nos falta la tercera sección, llamada “Tiempo y Ser” y toda su segunda parte; de estas dos secciones ya públicas sólo puede inferirse un proyecto filosófico que pone al interrogante ser humano como único ente desde el cual es posible hacerse la pregunta por el sentido del ser, por ello, se requiere de una preparación y análisis de las estructuras de ese particular ente, razón por la cual, mucha gente ha querido “antropologizar” Ser y Tiempo; no obstante, independientemente de todo esto, la obra no deja de ser la descripción fenomenológica para una hermenéutica del ser que necesita del hábito de la auténticidad del ser humano. Se trata, por ello, del análisis de una catarsis purificadora del ser humano, que deje atrás lo dicho y lo creído, para atender al asunto de lo más originario (el ser). Desde aquí, y estoy con lo que deja caer Sloterdijk en Normas para el parque humano, entiendo que la propuesta del primer y segundo Heidegger, si es que eso existe, es un humanismo “onto-pastoril” o de la escucha paciente y, por ende, un modo muy eficaz de inhibición en el habitar cabe.

Lo que le ocurre a Heidegger en la Carta sobre el Humanismo es que quiere desembarazarse de los términos metafísicos, que según él, lastran el pensar de lo más esencial. Eso no significa la muerte del humanismo, sino la destrucción de su estructura metafísica para revertirlo en otra cosa; sin embargo, esto no tiene por qué suponer la negación de un proyecto de perfeccionamiento (si, con Heidegger, para nombrar semejante proyecto no queremos usar la palabra "humanismo", podríamos llamarlo “el cuidado” o “la cura”), sino más bien entender  la vida del ser humano como una obra de arte, de la misma manera que hizo Nietzsche. Matar el hombre no es matar un proyecto de perfección, es querer superar lo que por “hombre” entendemos. Por otra parte, añadiré que en La Carta sobre el Humanismo, Heidegger se hace ambiguo y, a la par, nos hace un lío por varios motivos: en primer lugar, cuando queriendo destruir ciertos términos de la metafísica clásica y medieval, como “esencia” y “existencia”, ambos  ligados a potencia y acto, nos remite a resituarnos en la verdad de la “esencia” del ser humano, algo que resulta contradictorio. Salir de un vocabulario metafísico para alcanzar un pensar más allá de la filosofía, es como querer respirar sin aire; en segundo lugar, como dice Esposito, al apartar la animalitas de la definición clásica de la humanitas, "animal racional", en una especie de epojé que deja en suspensión de juicio lo biológico y natural en el ser humano, se ensalza un humanismo purificado de la bestia y su yugo biológico.

Para terminar, me gustaría partir una lanza a favor de la utopía como  idea reguladora del mejor gobierno para la vida buena; y de la humanitas como la educación para el cumplimiento de este ideal regulador. Sé que tras la Dialéctica Negativa es lícito pensar que estas ideas reguladoras pueden llevarnos desde la utopía a la “distopía”, pero es que toda humanitas y utopía que pretendan realizarse en un tiempo y lugar determinados traicionan su propia “impoliticidad”. A esto es a lo que quiero llegar: el perfeccionamiento de la humanitas y de la vida en común debe ser asintótico con respecto a su ideal, como ya nos enseñó Kant. El reino de los fines, el momento en que a todo hombre se le respete en su dignidad como un fin en sí mismo y no como un medio, es “nouménico”. No tiene una realización política concreta y por lo tanto es indisponible. Creo que es posible compatibilizar la idealidad metafísica con una impolítica que la hace ontológica, de manera que no colapse en la mundialización de una sola idea (eidos) de lo que debe ser el ser humano y cuál debe ser su gobierno ideal. Cuando el perfeccionamiento es asintótico e irrealizable en plazos concretos, como lo es el proyecto de hacerse bueno en Kant, no hay ni materia ni concreción que determine ese perfeccionamiento, sólo su forma, la ley, que se hace indisponible (el imperativo categórico es irrealizable). Situarse calmo (Gelassen) en esta tensión trágica entre ideal e irrealización que hace al mismo ideal indisponible es lo que mantiene abierto el concepto de ser humano.

Siempre que se ha traicionado esta indisponibilidad hemos caído en totalitarismos. No estoy de acuerdo con el poeta Heine, cuando nos avisa de que la revolución espiritual de Alemania (que es kantiana), comparada con la industrial anglosajona, es lo que nos traerá a una futura masacre. Es más bien el ingenuo intento de querer realizar YA y AHORA lo nouménico en un proyecto político concreto lo ue ha podido llevarnos a un Reich alemán. El extremo de positividad, que mata lo indisponible y lo anega haciendo que se deslice en lo ente, es lo que llevó al propio Heidegger a abrazar un “humanismo nazista”, si se puede llamar a esto “humanismo” -esta, por cierto, es una crítica muy interesante que hace Zizek a Heidegger en El sujeto espinoso-.

El destino de un pueblo en concreto que se despliega políticamente como obra de arte es ya superado, lo dice el propio Pöggeler, por una consideración del destinar como global: la técnica. Es aquí donde, creo, se vuelve a recuperar lo indisponible de una areté humana extática, transida de “Ex”, porque permanece en función de la escucha del ser… en su máximo peligro. La misma “Ex” que Heidegger aprendió del humanismo renacentista. Querer salvar el carácter excéntrico del ser humano es, ya en sí, una propuesta humanista.